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miércoles, 25 de febrero de 2009

ARTÍSTA DE LA
MOVIDA JÓVEN JUNTO A
FERNANDO CARRASCO PERALES

LUCIANO PEREYRA

LOS TEKIS

LOS NOCHEROS

JULIO MARVIS, SRA , POLO ROMÁN
Y
FERNANDO CARRASCO PERALES


JORGE ROJAS Y
FERNANDO CARRASCO PERALES


CHAQUEÑO PALAVECINO FERNANDO
CARRASCO PERALES Y CHECKER

CHAQUEÑO PALAVECINO Y
FERNANDO CARRASCO PERALES




CHAQUEÑO PALAVECINO,
FERNANDO CARRASCO PERALES

MARÍA MORENA Y ROBERTO CAMBARÉ


FERNANDO CARRASCO
PERALES
RECIBIENDO
EL PREMIO
"FARO DE ORO"


ROXANA CARABAJAL

CUTI CARABAJAL Y YAMILA CAFRUNE

PICHINA FERNÁNDEZ
MADRINA DEL PROGRAMA


PAOLA ARIAS

ALEJANDRO CARRARA

CON LA PAYADORA MARTITA SUINT

MARÍA MORENA

TOMÁS LIPÁN

ROBERTO CAMBARÉ
PADRINO DE LA MOVIDA JOVÉN
















ESTE SITIO PERTENECE A LA FOLK MDQ
EMISORA DE RADIO ONLINE

EMISORA ADHERIDA A:

C.A.D.R.I

COMUNIDAD ARGENTINA

DE RADIO DIFUSORES

POR INTERNET

LA MOVIDA JÓVEN



NACIÓ EN EL AÑO 2000, EN HONOR A UN GRUPO DE JÓVENES MARPLATENSES DE VARIOS GRUPOS SOLISTAS Y DUOS ASI COMO AGRUPACIONES DE DANZAS DE LA CIUDAD DE MAR DEL PLATA QUE POR ENTONCES REALIZABAN UN ENCUENTRO FOLKLORICO EN MAR DEL PLATA. DE ALLI FUE QUE AL PROGRAMA SU CONDUCTOR FERNANDO CARRASCO PERALES LO BAUTIZO CON

EL NOMBRE LA MOVIDA JOVEN DESDE ESE MOMENTO COMENZO CON LA DIFUSIÓN DEL CIRCUITO PEÑERO LA DIFUSIÓN DEL QUICHUA LA LENGUA MAS ANTIGUA DE SUDAMERICA CON CLASES EN CADA EMISIÓN A CARGO DEL PROFESOR Y CANTANTE FOLKLORICO MÁXIMO MENDEZ ADEMÁS DE DIFUNDIR LAS ACTIVIDADES DE LAS AGRUPACIONES DE DANZAS FOLKLORICAS Y HABLAR DE LA DANZA PROPIAMENTE Y SU HISTORIA.
A CARGO DEL PROFESOR ALBERTO DELGADO Y JUAN CARLOS CHRISTIANSEN.
CONTANDO CON EL BLOQUE DEDICADO A NUESTROS MAESTROS DE NUESTRO FOLKLORE.
DIFUNDIENDO FESTIVALES PEÑAS ET
C. COMO TAMBIE

N CANTORES LUGAREÑOS, CONSAGRADOS Y EL FOLKLORE DE IBEROAMERICA.

EL PROGRAMA ES GANADOR DE UN PREMIO FARO DE ORO COMO PROGRAMA FOLKLORICO Y EL PREMIO GAVIOTA FEDERAL COMO PROGRAMA DE MUSICA FOLKLORICA.
ADEMÁS SU CONDUCTOR PRODUCTOR Y OPERADOR FERNANDO CARRASCO PERALES ES GANADOR DEL PREMIO FARO DE ORO COMO OPERADOR Y EL PREMIO GAVIOTA FEDERAL COMO OPERADOR ESOS SON

DOS PREMIOS RECONOCIDOS A NIVEL NACIONAL.
EL PROGRAMA TIENE EL HONOR DE CONTAR COMO PADRINO DEL MISMO A ROBERTO CAMBARE EL AUTOR DE LA RECONOCIDA ZAMBA ANGELICA.

Y COMO MADRINA A DOÑA PICHINA HERNÁNDEZ CUID
ADANA ILUSTRE DE MAR DEL PLATA Y DIRECTORA DE LA AGRUPACIÓN TRADICIONALISTA EL CEIBO DE DANZAS.
EN EL AÑO 2003 COMENZO A RECORRER EL CIBER ESPACIO Y MUCHA MAS GENTE A PARTIR DE ESE MOMENTO ES LA QUE CONOCE Y ESCUCHA Y SE INFORMA ATRAVEZ DE LA MOVIDA JOVEN DESDE LAS DISTINTAS EMISORAS DE RADIO QUE LO EMITEN POR INTERNET.





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EL MATE INFUSION ARGENTINA


EL MATE RITUAL DE LA AMISTAD

Desde la América precolombina hasta el presente, la yerba mate o "hierba del Paraguay", como lo denominaron los Jesuitas, tuvo una larga y azarosa trayectoria. Fue ponderada y criticada, aunque siempre tuvo un fuerte amigo popular. Hoy, es el oro verde que nos representa en el mundo, junto con el fútbol y el asado.

"El mate, más que una bebida característica de Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil, es una tradición americana, un rito que se vive a diario, una sabiduría de la relación entre personas adultas".

Es más que una costumbre, porque el mate es un ritual de amistad. Lo primero que se ofrece al visitante en los hogares de esta parte del continente (Argentina, Paraguay, Uruguay y el sur del Brasil) es un mate bien cebado.

Y también resulta un excelente compañero para hacer un alto en las largas horas de estudio nocturnas que suelen acumular los estudiantes. Porque el mate no tiene perjuicios sociales, tanto pobres y ricos, amas de casa o profesionales, se "enganchan" en la ceremonia a cualquier hora del día, ya sea con bombilla o en taza ("mate gringo"), e incluso en los saquitos salvadores para el desayuno o el tentempié en la oficina.

La zona donde crece la yerba mate (Ilex Paraguariensis) abarca el noroeste de Corrientes, Misiones, el Paraguay y el sur del Brasil, zona con clima subtropical, humedad, tierra fértil y buen sol. Otras regiones del mundo han intentado en vano producir nuestra yerba. Sólo esta parte de América es apta para cultivar este verdadero regalo de Tupá (Dios del Bien).

La leyenda de Tupá

Tupá, el Dios del Bien, bajó a la Tierra para enseñarles a los indios guaraníes a preparar una bebida con esa yerba energética desconocida. Les enseño a secarla y a triturarla y puso a los yerbatales bajo la protección de un anciano y su nieta, convertidos en dioses guardianes: Caá Yará y Caá Yarí.

Los indios realizaban para beberla una calabaza "caiguá" y una bombilla de caña "tacuapí". También solían masticar las hojas en sus largos viajes.

Los sacerdotes jesuitas preparaban té o infusión con la yerba y trataron por todos los medios de desterrar esa costumbre del mate en calabaza. Sin embargo fue imposible conservándose ambas costumbres hasta la actualidad.

Las misiones jesuitas invadieron los cultivos de la yerba, hasta que los expulsaron de esta parte de América en 1756. Hubo otros intentos fallidos de hacer cultivos, pero recién el 1903 se volvió a insistir en forma organizada en Misiones, y luego su industrialización se expandió exitosamente.

La Yerba y la salud

Más allá de la leyenda y de la tradición, la yerba mate contiene ingredientes muy importantes para el organismo. La primera es la "teína", que estimula sin causar insomnio ni agitación nerviosa. Pero además contiene vitaminas (A, B, C) y es rica en carotenos, potasio, magnesio, manganeso, sodio, hierro y fósforo.

El mate, ya sea en infusión o con bombilla ayuda en esa dolencia tan frecuente como es la pereza intestinal y favorece las funciones cardíacas y respiratoria. Como se ve, las "excusas" para tomar un mate sobran.

Apenas unos 50 g. de yerba mate diluida en medio litro de agua aportan energía vital en forma de fibras, carbono, proteínas, humedad, grasas, algodón, glucosa y sacarosa. Esto explica porqué son muchas las personas que toman unos matecitos apenas abren los ojos, antes de la ducha matinal y del desayuno convencional. Es una manera de empezar el día "con el pie derecho".

De la semilla al paquete

Las semillas de la yerba se plantan en almácigos y recién cuando la plantita luce unos 7 cm. se la traslada al vivero. Allí, protegida, debe madurar de nueve meses a un año antes de ir a su destino definitivo. Pero todavía faltará otro tramo de cuatro años -durante los cuales seguirán protegiéndola con una pancalla o poncho de las inclemencias del tiempo- para que comience a rendir.

La cosecha es el momento más importante en los yerbatales. Trabajadores "golondrina" llegan de todas partes del país para trabajar. Los cosechadores realizan una labor delicada, cortando cuidadosamente las hojas y separando las hojas aisladas. La Ilex Paraguariensis -su nombre científico- pasa luego por tres operaciones fundamentales sapecado, secado y canchado.

· Sapecado:
La primera consiste en exponer las hojas al calor para destruir fermentos y evitar oxidación y pérdida del color. La hoja pierde en la deshidratación un 20 % de su peso.

· Secado:
El proceso de secado se realiza inmediatamente, por medio de corrientes de aire indirectas, con lo que nuevamente se reduce el peso, un tercio aproximadamente.

· Canchado:
La yerba está seca; el paso posterior es el triturado o canchado, luego se selecciona y se embolsa. Pero esto no acaba allí.

La yerba debe estacionarse nueve meses para que adquiera sabor y cuerpo y recién entonces se produce la molienda y el "coupage", el momento donde los expertos mezclan sabores y tipos para lograr ese blend, ese tipo tan especial que caracteriza a cada marca.

La yerba es uno de los productos argentinos más reconocidos en el mundo, aún en tierras lejanas y exóticas, y es añorada por los argentinos, que muchas veces en el exterior no la consiguen tan fácilmente para marcar y acortar de ese modo la distancia que los separan de sus afectos.

RITUAL MATERO

El mate se ceba, no se sirve. Porque cebar significa mucho más, es "mantener, alimentar, sustentar" y el ritual matero tiene justamente ese significado referido a la amistad y la hospitalidad.

El mate puede ser amargo, dulce, tereré (con agua fría) y cocido o en infusión que se denomina así mismo "yerbao".

También hay estilos. El estilo "resero o tropero" es donde cada participante toma y ceba a la vez, pasando el mate y la pava al siguiente. En la cebadura "estrella", se sienta uno de los materos en el centro y va alcanzando el mate a cada uno de los integrantes de la rueda, aunque tomando él también.

Del vocabulario matero -diferente en cada región argentina -, destacamos estos dichos:

Cuando se sirve seguido, uno tras otro a una misma persona, se dice que se "enciman los mates como mosquetes de locos"

Si el mate quema (por estar el agua muy caliente) estará "pelando un chancho"

Pero si está frío será un "mate de hospital"

Cuando queda muy dulce, pueden quejarse de que se ceban "guarapos"

Y los santiagueños (habitantes del norte Argentino) los llaman "mate misqui" cuando es el agua la que se endulza

Una bombilla que se tapa origina un "mate trancao"

El mate chato y redondo es el "galleta"

Y a uno grande en forma de pera se le llama "de camionero"

Al primer mate cebado se lo llama "el del zonzo" porque no es rico

Y al último "el del estribo"

Y, por fin cuando alguien promete algo y nunca cumple, el dicho popular dirá que es "como el mate de las Morales", porque parece que estas mujeres siempre se iban en promesas y que jamás se hacían realidad.

QUIEN FUE EL AUTOR

la calabacita que servía originariamente de recipiente al mate, los indios guaraníes la llamaban "caiguá", voz que tiene un significado muy preciso: "caá" significa yerba, "y" quiere decir agua y "gua" es recipiente. Los mismos nativos tenían un nombre especifico para la primitiva bombilla: le decían "tacuapí", porque "tacuá" significa caña hueca y "apí" da idea de alisado o lisa.

De acuerdo con esto, ¿a quién se le ocurrió ponerle "mate"?. Se dice que fueron los Españoles mismos, cuando llegaron a esta parte del continente, quienes por cacofonía y por serle más fácil de pronunciar eligieron el vocablo "matí", tal como los quechuas llamaban a la calabaza - recipiente. Este vocablo, por deformación, se transformó en mate con el correr del tiempo.

VARIEDADES

En el mate hay muchas modas y novedades. Antes, en las góndolas de los supermercados, se trataba de elegir entre variaciones de sabores y aromas, más o menos fuertes, más o menos delicados, o de yerbas con o sin palo. Luego, aparecieron las que agregaban yuyos a su composición, como el poleo, menta, peperina y melisa, y hoy están las yerbas sostificadas. Ya no hace falta las cascaritas de fruta, porque la yerba viene lista con gustos como pomelo, naranja, limón y hasta café. Igual ocurre con los saquitos para las infusiones.

Indudablemente que, desde aquella yerba a la cual los indios guaraníes llamaban "caá", y sorbían de los "caiguá" (recipiente con agua y yerba), hasta éstas, de última generación, hay un enorme salto. Un cambio que, sin embargo, no pudo modificar lo más importante, la magia del ritual y todo lo que implica ponerse a cebar un mate. Como epílogo, veamos algunas sugerencias para los cebadores en el siguiente apartado.

Instrucciones para cebar mate criollo

1. Utilizar la calabaza que se prefiera y llenarla hasta la mitad con yerba.

2. Mojarse la mano y colocarla sobre la boca del mate, agitarlo, para que el polvillo se pegue en la mano y de esa forma no tape la bombilla.

3. Colocar la bombilla, poner dos choritos de agua fría y luego el agua caliente -sin hervir- esto se hace para no quemar la yerba.

4. Desechar este primer "mate zonzo" y empezar a cebar de en serio, dejando caer el agua junto a la bombilla, pero teniendo la precaución de no mojar toda la superficie de la yerba, porque de esa manera, siempre toma los aromas y gustos poco a poco de esa parte que esta seca.

5. Si se hace dulce, agregar azúcar antes del agua, pero sólo cada dos mates, ya que sino se satura el gusto del mismo.

Se puede poner un carboncito encendido en la base del mate y echar sobre él mismo dos cucharadas de azúcar. Luego, la yerba y finalmente el agua. El mate adquiere de esta forma un gusto muy particular y delicioso.


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Botas de potro

La "bota de potro" es, por excelencia la más típica de las prendas gauchas. Su nombre se debe a que estaban hechas de cuero de potro; podían ser tanto de caballo, yegua o potrillo, aunque se daba preferencia a los animales desarrollados, pues ese material resultaba de mayor duración.

Para hacerlas, se sacaba entero el cuero de las patas traseras de un potro; una vez limpios de todo pellejo y bien sobados, esos tubos de cuero, con la parte del pelo hacia afuera -dejándolo o afeitándolo, a gusto de su dueño- se amoldaban a las piernas y pies del hombre; el ángulo que forma el garrón servía de talonera, y la parte superior, ajustada con un tiento o liga, de caña.

Las puntas de la bota se dejaban, a veces, abiertas totalmente o en parte, y por esa abertura salían los dedos de los pies, que los jinetes llevaban desnudos para estribar "entre los dedos" o sea de acuerdo con las costumbres de aquella época.

Se llegó a comercializarse y se vendían a ocho reales las botas blancas y a seis, las otras.

Una bota similar a la descripta, menos frecuente, pues sólo la usaban los gauchos ricos o elegantes que resultaban caras y poco durables, era la que se confeccionaba con cuero de tigre o gato montés, dejándole el pelo con todo su colorido.

Se prefería la piel de caballo blanco por su aspecto delicado semejante al pergamino.



Chiripá

El "chiripá", cuyos antecedentes le asignan un probable origen indio, es una especie de manta, muy parecida al poncho -que lo reemplazaba, en casos de necesidad- y hasta se afirma que los primeros "chiripaes" no fueron otra cosa.

En la lengua quichua, significa "para el frío".

Las orillas se ribeteaban con trencillas, y los colores vivos, a que fueron tan afectos los gauchos, eran frecuentes, ya en un tono uniforme, ya en franjas o listas longitudinales.


Al igual que el poncho, el chiripá de vicuña (rumiante de la región cordillerana, que produce lana de excelente calidad) era expresión de riqueza y buen gusto, lo mismo ocurría con el merino negro.

El vistoso chiripá no se usó en los primeros tiempos, y puede asegurarse que como traje característico no figura sino desde 1780 en adelante.

Chanchero y rastra

El "Chanchero", llamado así por estar hecho, de preferencia, en cuero de chancho o cerdo, de superficie graneada, que contribuye a su mejor aspecto, era un cinto de anchura variable, provisto de dos o tres bolsillos y adornado con monedas de plata -los patacones, reales y medios, que circulaban antiguamente- y también de oro, las onzas o pelucones, bolivianos, cóndores y, en modo especial, la libra esterlina inglesa, de curso corriente en nuestra campaña.

Este cinto podía ser de una sola pieza, o de dos y prendido atrás con una o más hebillas, a efectos de graduarlo, según la cintura de quien lo usara.




La rastra, que cerraba su parte delantera, es una de las prendas gauchas que subsisten aún y quizá la que goza de mayor aceptación. Reemplaza la hebilla común de nuestro cinturón y consiste en una chapa de metal -níquel, plata u oro- de diversas formas, unas veces grabado y otras calado, monogramas hasta el nombre del dueño.

De argollitas soldadas en la parte inferior de la chapa, salen repartidas por mitades, a derecha e izquierda, ramales -cadenitas o trabas articuladas- terminados en una especie de botón que suele ser una moneda de plata o de oro, un escudo, una flor, etc.; estos botones se abrochan en los ojales correspondientes en los dos extremos del cinto, con lo que este queda sujeto y cubre el ceñidor o la faja.

Por lo que respecta al tamaño y el peso, hubo rastras de todas las magnitudes, de acuerdo con el gusto del interesado o con el volumen de su cuerpo.

Igual variedad debe anotarse en lo referente a los motivos decorativos de su labrado.

Chaleco y chaqueta

El chaleco usado por los gauchos, muy similar por su forma a los actuales, se diferenciaba de éstos en que no alcanzaba a llegar a la cintura; de ese moda, se dejaba al descubierto la rastra, verdadero lujo campero y la primera pilcha de valor que se adquiría en cuanto se disponía de unos pesos. En el chaleco, lo mismo que en otras prendas, el ribete de trencilla solía ser unos de sus principales adornos; otro, acaso el más común, era el reemplazo de los botones por monedas de metal precioso.

La chaqueta ha sido, quizás, la prenda que menos variaciones experimentó con el correr del tiempo. Poca diferencia puede establecerse entre la chaqueta de origen español, corta, de cuello volcado y con delanteros redondeados, que no se abrochaba para dejar a la vista el chaleco parte de la camisa y la rastra.

Las "blusas" no el tipo llamado "corralera", que es muy posterior, tenían forma similar a la del saco; se confeccionaban con telas livianas, sin forro, pues se usaban preferentemente en el verano. El ribete y otras aplicaciones de trencilla era el único adorno. El saco más largo y de uso común en los pueblos, no estaba desterrado, en absoluto, de la vestimenta gaucha.

Lazo

En el apero gaucho de todas las regiones, pero más especialmente en el de la pampeana, el lazo y las boleadoras fueron complemento obligado e indispensable. El trenzado, de mayor o menor número de tientos, y el retorcido o torzal "pampa" y chileno se le llamaba al último, fueron comunes aquí y allá; sus diferencias residen, únicamente, en la longitud, que varía en cierto modo, y en el reemplazo de la argolla de la armada por una presilla, con ojal y botón, según se acostumbran en algunos lugares norteños.


También, puede anotarse la forma distinta cómo se lleva el lazo en el caballo; sobre las ancas o grupa, en rollos chicos, o en rollos grandes que caen detrás de la grupa y llegan casi hasta los garrones del animal.

El lazo, obligó al gaucho a crear en el apero una pieza especial, llamada "asidera", "esidera", o "cinchero" en las regiones de la pampa; centro y litoral. En ella se sujeta o prende la presilla del lazo cuando se enlaza de a caballo; es una argolla que va unida a la encimera por un correón y otras a la sobrecincha o al "pegual" (prendas que reemplazan al cinchón), por dos correas fuertes de unos 10 a 15 cm. de longitud; la argolla sirve de vértice y las dos correas se abren en ángulo para ofrecer mayor resistencia a los tirones de los animales enlazados.

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